Una tarde de otoño, mientras
caminaba por el barrio con las manos ocupadas por dos bolsas de la compra
recién salido del supermercado, mi hija comenzó a tararear “Hello, Goodbye” de The
Beatles. Casi de manera instintiva, como si tuviera la obligación de
acompañarla, me uní a cantar la canción con ella. Lola, con esa cara de Ahora-Que-Hace-Mi-Padre-Bailando-Por-La-Calle-Con-Las-Dos-Bolsas-De-Plástico-Con-La-Edad-Que-Tiene,
esa cara a medio camino entre risa nerviosa y vergüenza ajena que solo pueden
poner los niños, me preguntó sorprendida si la conocía. Le dije que claro con
una respuesta muy entusiasta, como cuando caes en el quesito naranja del
Trivial y contestas una pregunta antes de que terminen de preguntar. Lola me
dijo que estaban utilizando “Hello, Goodbye” en el colegio en clase de inglés. Una
mueca de satisfacción alabando el gusto de la maestra melómana recorrió mi boca
de lado a lado.
Cien metros más tarde
volvió a la carga: -¿Y cuál es tu Bitel
favorito?
Aproveche un semáforo
para dejar descansar el tetra brick de leche, el medio kilo de hamburguesas, el
paquete de espaguetis, el bote de tomate frito, la barra de pan, y la caja de
galletas. ¿Qué cual es mi Beatle favorito?, esa sí que es buena. Le dije, y
estaba siendo completamente honesto, que nunca antes me había planteado
decidirme por uno en concreto. Después de toda una vida escuchando sus discos
jamás hasta ese momento había manifestado interés alguno por identificar cual
de los fabulosos cuatro era mi
preferido. Súbitamente sentí gran curiosidad por conocer mi propia respuesta.
En cuanto el semáforo
cambió a verde, empecé a darle vueltas a la cabeza…Ringo…George…Paul…John…
John Lennon pensé.
Aunque en realidad no estaba siendo sincero. Posiblemente si me hubiera
preguntado por el tío cool y más carismático, Lennon ganaría por goleada, pero
no era ese el caso, la pregunta buscaba sin dobleces mi favorito.
Entonces Paul McArtney
pensé esta vez. Pero no era la respuesta adecuada. Si estuviera buscando al Beatle
más deliciosamente melódico, McArtney hubiera salido solo casi sin pensarlo,
pero no era esa la cuestión.
Sin dudarlo debe de ser
George Harrison pensé en voz alta. Falso. Si la competición dirimiera al Beatle
más exquisito, el músico virtuoso, el más enigmático, Harrison sería el
ganador, pero no mi favorito.
Por descarte la
decisión me llevaba inexorablemente hasta Ringo Starr. ¿Ringo?, ¿el batería?, ¿compitiendo
con Lennon, McArtney o Harrison?, imposible. Sin duda el tipo ganaría el premio
naranja al más simpático, pero definitivamente no el premio de Beatle del año.
Esta pequeña reflexión
inédita en mi vida me llevo a la respuesta definitiva.
-Lola, no me gusta
ninguno. (Ya me lo dijeron cuando entre a trabajar en el negocio de la música.
Es más fácil lidiar con solistas que con grupos. Y si caben en un taxi, mejor).

No hay comentarios: