WEEZER, Weezer (The blue album), 1994, (Geffen)
“Tengo posters en la pared, tengo el de Ace
Frehley y el de Peter Criss, mi grupo
favorito es Kiss. En el garaje toco la guitarra, toco mis canciones estúpidas y
escribo mis estúpidas letras, y las quiero a todas igual”. Rivers Cuomo
Si, ya se, ahora resulta sencillo apuntarse al carro de
Weezer, pero juzgados prematuramente de manera injusta este trabajo fue
calificado de tonto y vacío en su día. Han pasado más de 20 años y el disco Azul se levanta hoy erguido como
una de las obras esenciales del rock de los noventa. Pero no siempre fue así.
Este grupito de tarados con aspecto de nerds universitarios no pasó de un
asombroso desprecio en el momento de lanzar su debut. En los rescoldos del
grunge aún doliente por la muerte de Kurt Cobain, Weezer fue considerado poco
menos que un chiste masacrado sin piedad por la crítica de la época. No cabe
duda que se equivocaron.
El estreno de Weezer supuso una alternativa definitiva a la tediosa actitud
quejica del movimiento Grunge gracias a sus melodías pegadizas y unas letras
amables, apostando por un estilo diferente, y paradójicamente no por una
ausencia de guitarras. En el disco Azul
hay seguramente más guitarras distorsionadas y actitud rebelde que en muchos
álbumes abiertamente catalogados como Grunge. Ciertamente el legado de Nevermind fue mucho más inmediato, pero
la influencia del primer disco de Weezer está diseminada por cientos de bandas
emo, pop y punk rock que florecieron en los 90 y principios del 2000.
La segunda entrevista que realicé en mi vida fue a Rivers Cuomo. Era 1994 y
estaba en Madrid. La primera debió ser allá por 1981 o 1982 para un trabajo del
colegio y se la hice a la señorita Sarita, la profesora de música que atormentó
mi infancia con la maldita flauta Hohner. Resulta jocoso que la llamáramos
Sarita teniendo en cuenta que la señora ya era entonces sexagenaria. ¿Por qué a
los profesores varones les llamábamos Don y a las mujeres señoritas? No le
encuentro explicación, aunque supongo que esta es una discusión para otro foro.
En el más que improbable supuesto de que la señorita Sarita lea estas líneas,
aprovecho para saludarla, decirla que a veces cojo la flauta de mis hijos y
todavía recuerdo como tocar la intro de Star
Wars y de verdad deseo de corazón que siga gozando de buena salud.
En 1994 ocupaba mi tiempo libre escribiendo majaderías en un fanzine. No,
no se trataba de una cabecera local a la altura del NME o Melody Maker, aquello
era la prehistoria del DIY, mucha grapa, pegamento y fotocopia, y rara vez alguien
lo leía. Á veces llamaba a las compañías mendigando algún disco o una
entrevista. Con el tiempo logré que me llegara algún ejemplar de saldo pero,
¡ay de las entrevistas! Que quieren que les diga, entrevistas no hice ninguna.
Hasta la de Weezer.
La responsable de prensa en Universal, que por entonces no se llamaba
Universal y recibía el enigmático nombre de MCA y estaba situada en una
callecita cerca del Viso justo detrás del Paseo de la Habana, me llamó un día
cualquiera por teléfono; “Weezer está en España”, dijo. En realidad lo que
quería decir era que tenía que cerrar un plan de promoción con un grupo
americano y que ante la falta de interés de los medios serios por él conjunto musical en cuestión, o bien llamaba a
fanzines de tercera como el mío o aquella jornada promocional iba a ser
francamente ligerita. Claro, todo esto no lo supe interpretar hasta algunos
años después cuando yo mismo forme parte de la dinámica de una multinacional
disquera, pero en ese momento me sentí como Cameron Crowe en “Casi Famosos” y empecé a preparar la
entrevista como si fuera la cosa más importante de mi vida.
En su momento Weezer no le importó una mierda a nadie. Bueno, esta
afirmación no es del todo exacta. Al menos si tenían una buena base de fans en
L.A. que se preocupaba de ellos aunque en 1994 sin apenas haber girado por el
resto de estados y todavía en los primeros hervores de la era internet, casi
nadie tenía muy claro quiénes eran aquellos cuatro muchachos con aspecto de
seminaristas freaks. Lo que es seguro es que en España a duras penas les
conocía su propia compañía y en el concierto del día siguiente a mi entrevista en
la sala El Sol solo había 100 personas, seguramente los únicos 100 fans de todo
el país. Aquel fue uno de los mejores conciertos de mi vida, tal cual.
En 1994 cuatro muchachos vestidos con camisetas lisas y pantalones chinos y
liderados por un geek con gafas de
pasta lanzaron su primer trabajo al mercado sólo tres semanas después de la
muerte de Kurt Cobain. El musculo del Grunge y el sonido Seattle estaba ya muy
debilitado y Weezer armados de potentes melodías y canciones redonditas
salieron dispuestos a conquistar el trono del rock juvenil ahora desierto.
Resulta inexplicable el motivo por el que The
Blue Album fue repudiado en su momento. Acusados de presuntuosos haciéndose
pasar por nuevos jevis adaptando los
trucos de Nirvana o Pixies a través de videos exuberantes para MTV, Weezer fue
vapuleado por crítica y público hasta la deshonra.
Weezer se formaron en Los Angeles en 1992 con Rivers Cuomo (guitarra y voz),
Patrick Wilson (batería), Jason Cropper (guitarra) reemplazado más adelante por
Brian Bell y Scott Shriner (bajo), sustituido poco después por Matt Sharp. En
1993 firman con Geffen Records y comienzan la grabación de su primer disco, Weezer, conocido popularmente como el disco Azul por el color de fondo de su
portada. Grabado en los estudios Electric Lady de Nueva York y producido por el
líder de los Cars Ric Ocasek, el disco apenas tuvo incidencia durante sus
primeros meses de vida. Solo la persistente demanda popular del single “Undone
(The Sweater song” desde una emisora de radio de Seattle, curiosamente cuna del
difunto Grunge, logro despertar las ventas del disco. The Blue Album lleva vendidas hasta la fecha más de 7 millones de
unidades, cifra nada despreciable para un grupo de tolays inadaptados. Paradójicamente y a pesar de sus imponentes
ventas, no produjo ni un solo número 1 en las listas de éxitos. Y eso que todos
los temas del disco eran buenos. Dicho de otra manera, tiene 6 canciones
excelentes y 4 muy buenas, un promedio lo suficientemente interesante como para
darle una oportunidad.
Dicen que el tiempo lo cura todo, incluso la vergüenza, y con los años este
glorioso álbum ha ido escalando posiciones hasta, pásmense, estar incluido en
los sesudos glosarios que recogen los mejores discos de todos los tiempos. Es
verdad que Rivers Cuomo, incuestionable líder del grupo, bebió de las fuentes
de Pixies o Nirvana con dinámicas muy similares, algo que por otro lado no
parecía nada especialmente recriminable. Pero también había mucho Beach Boys y Beatles,
y Hard Rock y AOR, y Simon & Garfunkel y porque no, también referencias a
Nirvana (compañeros de sello discográfico no lo olviden). Lo que muy pocos
fueron capaces de ver fue la habilidad de Cuomo para domesticar el sonido rudo
del rock metal de los años 70 presentándolo en un formato power pop sorprendente,
original y comercial.
Melódicos y muy divertidos, tiraron de bases urgentes y guitarras pesadas
como sello distintivo. Sí artistas coetáneos como Pavement o Sebadoh apostaron
por caminos más oscuros que inevitablemente desembocaban en audiencias más
selectas, Weezer plasmó la universalidad de la cultura pop en canciones
sencillas alejadas de lo excluyente. Con un grupo de músicos muy solventes
capaces de sonar francamente bien, Cuomo fabricó una colección de riffs y
estribillos inteligentes capaces de conectar inmediatamente con el público. El carisma
introspectivo del personaje hacía que mostrara cierta vulnerabilidad oculta
bajo un enorme manto de densas guitarras en sus canciones, convirtiéndose en
uno de los autores referentes de su generación.
Llegué a mi entrevista con Cuomo a la hora señalada. No tuve tiempo o
simplemente olvidé contarle mi anterior experiencia profesional con la señorita
Sarita, y tratándose de un joven raro y reconocido marciano estoy seguro que le
hubiera encantado mí batallita tonta con la flauta. Hablaba muy despacio y el
tipo era de lo más interesante. Alejado del estereotipo de cantante indigesto,
opinaba de un recién llegado Bill Clinton, de la cocina europea incluyendo
detalles de la gastronomía española y mostró un enciclopédico conocimiento del
rock norteamericano en una interminable lista de referencias a cada cual más
sugerente. Como contrapunto, a su lado compartió respuestas el guitarrista
Brian Bell, un tarado permanentemente ataviado con un gorro de lluvia y gafas
de sol incluso en el interior del hall del hotel y con aspecto de haber fumado
lo bastante como para que todo lo que dijera resultara incomprensible y muy gracioso.
No recuerdo ni una sola palabra de Bell, pero ¿saben qué? a los tres nos dio
exactamente igual, todos sabíamos que la difusión de aquella entrevista sería
en el más optimista de los escenarios muy moderada.
Soy de los que piensan que la primera canción de un álbum debe ser buena.
Quizás sea por mí pasado como agente de ventas, vendiendo discos a granel con
albarán y maletín en Prycas y Continentes,
un tiempo en donde los puntos de escucha en los centros comerciales marcaban la
diferencia y los clientes con sus auriculares generalmente no pasaban del Track 1 haciendo que mi comisión mensual
y mi calidad de vida dependiera de ello. El ya fallecido director comercial en
Warner siempre lo pedía a los departamentos de marketing y artístico; “¡pongan en
el disco la buena la primera hombre!”. Desde un punto de vista puramente
mercantil la verdad es que aquello tenía bastante sentido.
Esta teoría de la primera canción se vuelve fundamental y dramática cuando
se trataba del primer disco de un artista. ¡La primera canción de la primera
cara del primer disco de un grupo necesariamente debe ser buena!, al fin y al
cabo si llevas toda la vida esperando firmar un contrato discográfico que menos
que enseñar tus mejores cartas desde la misma puerta de entrada, ¿no?. “I Saw
her standing there” de The Beatles, “I Will Follow” the U2, “Rock And Roll
Star” de Oasis, “I Wanna Be Adored” de The Stone Roses, “Good Times Bad Times”
de Led Zeppelin I, “Take it easy” de Eagles, supongo que se entiende la idea. “My name is Jonas”, la canción que abre
el disco Azul es una tarjeta de
visita perfecta, tres minutos y pico que muestran perfectamente la oferta del
grupo; harmonía, estribillos y guitarras eléctricas, muchas guitarras
eléctricas.
“No One Else” es una canción de desilusión, una de esas cosas que todo
joven piensa cuando su amorcito le manda a paseo. Es sencilla y muy eficaz, y
Cuomo por arte de magia es capaz de enmascarar el contenido deliberadamente tonto
bajo un muro infranqueable de densas guitarras. “The World Has Turned And Left
Me” posee una hipnótica estructura en espiral y da la bienvenida a “Buddy
Holly”, uno de los cortes más celebrados del grupo y que tiene como casi toda
la obra de Cuomo esa apariencia externa de gran broma. Pero no lo es. Aquí se
destapan las referencias de Cheap Trip o Quiet Riot, y no porque fueran en su
momento divertidas sino porque verdaderamente el líder de Weezer aplaude su
sonido. “Undone (The Sweater Song)” fue el primer sencillo del disco e
irónicamente lo más Grunge del mismo pero ante todo una gran canción. Los dos temas
lograron gran notoriedad en la MTV gracias a los videos realizados por Spike
Jonze, tipo tan raro como el propio Cuomo con el que claro, se entendió a las
mil maravillas.
“Surf Wax America” abre la segunda parte del disco en un homenaje velado a
los adorados Beach Boys en un tema decididamente simple y placentero a diferencia
de otros cortes donde tienden a mostrar abiertamente sus miedos, ansiedades y
nerviosismo. “Say it Ain’t So” es una de mis favoritas. Tiene la estructura
típica e imbatible de Calma-Caña-Caña-Calma, es fácil de cantar y emociona y
emparenta el heavy metal de Aerosmith y Kiss con el pop tradicional de Al
Stewart y Cat Stevens. Brutal.
“In The Garage” habla de la felicidad de un muchacho haciendo música en el
sótano de su casa. Si en 1994 hubiera seguido tocando la batería con mi grupo
en el garaje de la casa de mis padres, “In The Garaje” sería mi canción rock
favorita. Lástima que para 1994 mi grupo estaba disuelto, había vendido la
batería y en la casa de mi madre ya no había garaje. Cada vez que escucho eso
de “En el garaje me siento seguro, a nadie le
preocupa lo que hago, toco la guitarra, toco mis canciones estúpidas y escribo
mis estúpidas letras” pienso en lo divertido que es tener un grupo de
rock y tocar en un local de ensayo con tus colegas, una de las mejores cosas
que uno puede hacer en su vida.
La
recta final del disco la ocupan la infecciosa “Holiday” con esa intro deliciosa
y sobretodo “Only in Dreams”, o el “Starway To Heaven” de Weezer, con su inicio
sosegado, estrofa en alto y gran solo final de guitarra. Dura sus buenos 8
minutos y como en casi todo el disco prevalece la emoción de la canción por
encima del virtuosismo. Ojo, no digo que no sea un buen solo de guitarra, solo
espero que nadie busque a Jimmy Page por allí.
El
disco Azul a pesar de su tono ligero tiene un amargo sentimiento general
de soledad en un trabajo con un fondo increíblemente conmovedor. “The world has
turned and left me here” habla del final de una relación, “Only in dreams” es
irremediablemente desesperada, “My name is Jonas” profundiza en recuerdos ásperos
de la niñez, “Say it ain’t so” relata el dolor de un padrastro alcohólico, “In
the garage” habla abiertamente de esconderse, “Undone…” o el absurdo y vacío
placer que te produce tu prenda de vestir favorita… Casi todos los discos de
algún modo muestran cicatrices vitales e inseguridades en sus textos, pero esas
palabras suelen estar después eclipsadas por estribillos facilones y grandes
solos de guitarra. Aquí también hay estribillos facilones y solos de guitarra,
pero están ahí para apoyar los sentimientos en los versos de Cuomo,
empujándolos con fuerza hacia delante, canciones artesanas de apariencia muy
sencilla pero con una arquitectura profunda y compleja.
Casi
enterrado el Grunge, en 1994 Weezer compitió en USA con un trío de punk pop
energético llamado Green Day y al otro lado del charco con la llegada de un
nuevo fenómeno llamado Brit Pop, con los insoportables hermanos Gallagher liderando
el movimiento. Sorprendentemente Weezer fue capaz de infiltrarse entre los dos
con una propuesta de rock alternativo inteligente. Acostumbrados a la
indiferencia durante la supremacía de Pearl Jam, Nirvana, Soundgarden y el
resto de bandas con camisas de cuadros, el éxito cogió por sorpresa al grupo.
Mucho antes de ser unas estrellas, Rivers Cuomo y su banda habían estado
tocando las mismas canciones (“Undone”, “Say It Ain´t So…”) por los locales de
la escena de Los Angeles sin que nadie mostrara un mínimo interés. Cuando esas
mismas canciones lograron llegar a un público masivo el grupo no entendió nada.
La deliberada rareza de su siguiente trabajo, el igualmente recomendable Pinkerton
quizás tenga que ver con el extraño recorrido comercial de su debut.
El
disco Azul no es solo uno de los mejores debuts de la historia, se trata
de un disco esencial. Grandes grupos necesitaron de dos, tres y hasta cuatro
álbumes para alcanzar lo memorable. Weezer lo hizo a la primera. El disco
Azul tiene la extraordinaria capacidad de conectar las rarezas de un solo
individuo de una manera universal, y es ahí donde uno se explica su fenomenal
legado. Las letras con marcada temática juvenil añaden un encantador componente
de nostalgia para los que hoy juegan la liga de los 40 años, aunque cualquiera
puede disfrutarlo tenga la edad que tenga. Si uno elimina las partes de
guitarras más duras, las baterías destartaladas o incluso la voz aun por
modular de un joven Cuomo, lo que queda debajo sigue siendo una colección de canciones
estupendas. Y ya saben que en el fondo esto no es más que un negocio de
canciones. El álbum se las arregla para ser ingenioso y divertido sin necesidad
de utilizar chistes y le da un buen lavado de cara al acartonado rock
independiente americano sin necesidad de one hit wonders convirtiendo
para siempre lo geek en chic.


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