Aún
con chiribitas, leo con ojos bien abiertos que este “Drones” es el nuevo álbum
conceptual de Muse donde tratan de describir a lo largo de sus canciones el
lento despertar de un hombre ante la opresión de la sociedad moderna, el poder
de los drones y los controles remotos, la historia de un soldado entrenado para
ser una máquina de matar sin cerebro (¿?*%$!). Entiendo que cada nuevo trabajo
de un artista necesite de una percha argumental narrativa que les ayude a contar
aquí y allá los motivos que les ha llevado de nuevo al estudio, pero quizás,
solo quizás, Muse en esta ocasión se hayan pasado un poco de frenada.
Eludiendo
premeditadamente el leit motiv de la
obra en cuestión aquí siguen habiendo guitarras de rock épico y progresivo en
cada esquina llenas de riffs ansiosos y obsesivos que junto a la voz de Bellamy
se levantan como protagonistas principales del cuento.
Mutt
Lange (AC/DC, Def Leppard) se encarga de la producción donde básicamente se
limita a respetar las señales de identidad que han hecho enormes a Muse; Rock
progresivo con elementos sintéticos aptos para todos los públicos.
Muse
es un grupo ostentoso, bíblico, desmesurado, deliberadamente exagerado y
bastante pedante, pero no por ello risible o cómico, todo lo contrario. Hay
mucha música en sus discos y en “Drones” sigue habiendo pasajes verdaderamente
sobresalientes. Estamos ante un trabajo en líneas generales mejor que su
antecesor “The 2nd Law” (2012), una colección demasiado cocinada y de digestión
francamente complicada. “Drones” es más, como decir, ¿natural? Bellamy patina
en sus momentos de sermón político (¿samplers de los discursos de JFK?) pero
acierta en su propuesta de producción pesada y monolítica abiertamente rockista
en una fórmula de estadio inimitable. Si uno cierra los ojos e imagina hoy a
Queen en activo y sus miembros con 30 años es posible que se llevaran bien y fueran
de gira junto a Muse (escuchen sino “Defector”).
En el
7º disco del grupo la cosa arranca con ese “Dead Inside” recién salido del
Delorean de McFly en 1985, hay también espacio para momentos de reposo (la
balada “Mercy”), riffs con sobrepeso (“Revolt”), una intro que recuerda al
“Cannonball” de la Breeders (“The Handler”) y hasta reminiscencias del más
profundo Hair Metal en “Reapers”. “Drones” (la canción) es un coro medieval
bonito y bastante freak si me lo permiten (tiene pinta de un “yo en mi disco
pongo y canto lo que me da la gana”). “Psycho” tributa la herencia de Pink
Floyd en “Money” pasado por la máquina de triturar de Marilyn Manson, “The
Globalist” es el momento largo del disco siempre ¿necesario? en un disco de
Muse (aquí lo dejan en “tan solo” 10 minutos y, pásmense o llámenme loco sino
les recuerda “Aftermath” al “Brothers in arms” de Dire Straits. En Drones
Bellamy ha tirado de hemeroteca y ha viajado hasta los discos de sus hermanos
mayores (si es que los tiene, desconozco el dato).
Con todo, estamos
seguramente ante el disco más coherente desde 2006 y aquel fabuloso “Black
Holes And Revelations”. Los fans no se sentirán decepcionados (encontraran todas
y cada una de sus marcas registradas repartidas por cada uno de los rincones de
“Drones”) y los nuevos (cualquiera que haya llegado desde Pink Floyd o
Metallica o uno de esos pocos despistados que aún no conozcan de su existencia)
podrán pasar una buena tarde de verano flipando con la monumental presencia de
la guitarra eléctrica, ese instrumento totémico del rock and roll que Matt
Bellamy idealiza a cada instante. “Drones”
sigue sonando a Rock Industrial, es irresistiblemente melódico (este muchacho
sabe hacer canciones), hay mogollón de maquinitas y es en general bastante salvaje (todo con
moderación no se me asusten). Sin ser un disco Sobresaliente y tal vez algo tibio para el Notable, “Drones” surfea plácidamente en el Bien esperando que en futuras entregas el tema elegido para narrar
la acción del disco sea algo menos chirriante.

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